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En México el porcentaje de la población que reside sola se triplicó (de 1.1% a 3.5%) entre 1990 y 2020. Además, existen diferencias sociodemográficas importantes que distinguen estos hogares frente a otros. Se entiende que desde una perspectiva interrelacional se establecen vínculos de apoyo entre familiares, aun cuando no habitan en la misma vivienda. En este sentido, esta investigación tiene dos objetivos. El primero es comprender cuáles son las necesidades de cuidado de las personas que viven solas y cómo sus requerimientos y características se insertan en redes de apoyo social y familiar que traspasan las fronteras del hogar. El segundo es analizar el papel de los hogares unipersonales como receptores y proveedores del cuidado, dentro de vínculos de interdependencia moldeados por la edad, el sexo y el parentesco. Se recurre a la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (ENASIC) 2022, para identificar las diferencias en la estructura por edad y sexo de la población en hogares unipersonales y no unipersonales. Posteriormente, se analizan descriptivamente la demanda y la oferta de cuidados en hogares unipersonales y los flujos de entradas y salidas de cuidados por sexo, edad y parentesco. Finalmente, a través de la representación gráfica se aprecian las relaciones de cuidado como movimientos más allá del hogar.
Las diferencias por sexo muestran una mayor proporción de hombres solos que no reciben cuidados de familiares dado que son jóvenes. Entre quienes sí reciben cuidados de familiares, resalta que los jóvenes lo reciben principalmente de sus madres, los adultos maduros de sus padres y los mayores de 60 años de hijas(os). En contraste, las mujeres son cuidadas según la edad: las más jóvenes no reciben cuidados de familiares, quienes lo reciben es principalmente de las madres o de las(os) hijas(os) y para las mayores parece estar más diversificado entre diferentes parentescos.
En cuanto a la provisión de cuidado se identifica que el 11.2% de los hogares unipersonales brindan apoyo a otros hogares. Las mujeres jóvenes cuidan de personas con otro parentesco, las adultas de sus madres, y las mayores de 60 años se enfocan en sus nietas(os). Las mujeres entre 45 a 59 años son las más involucradas en cuidar parentescos tanto ascendentes como descendentes (madres, padres y nietos(as)). En cambio, los hombres solos cuidan de personas con otro parentesco, personas sin parentesco y sobrinas(os), aunque entre los 60 a 74 se enfocan en sus madres.
Dentro de estos vínculos son notables las desigualdades por sexo y edad en las formas de proveer y recibir cuidados. Esto se explica porque tanto hombres como mujeres se encuentran en etapas de vida distintas. Ellos son principalmente jóvenes que salieron del hogar paterno/materno por motivos educativos o laborales, mientras ellas suelen tener edades más avanzada y su situación de residencia está condicionada por viudez, soltería prolongada o la ausencia de hijas(os) corresidentes. Adicionalmente, estas desigualdades se recrudecen ante la desatención y no corresponsabilidad del Estado.
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