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La acedia como forma de malestar en la sociedad actual: entre el tedio y la ansiedad

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Analizando la sociedad actual, se puede visibilizar una trama de fatiga, aburrimiento, vacío, tristeza, a las que Charbonneau y Legrand (2003) designan como paradepresiones. Sin embargo, éstas no pertenecen al campo médico sino que aluden más bien al moral, a una manera de vivir (Debray).
Las paradepresiones constituyen un conjunto de problemas a menudo infrasintomáticos, demasiados lábiles y poco significativos para ser denominados síntomas. A estos sentimientos psíquicos y corporales de lasitud, desaliento, de inanidad ante las cosas, de astenia psicógena, estos autores prefieren denominarlos como “constelaciones”, considerando a la acedia como figura tutelar de las mismas.
Son fenómenos que se ubicarían como falla de la motivación ante la pérdida de placer por las cosas, o como una dispersión temporal que lleva a recomenzar múltiples tareas sin haber terminado las primeras. Se trata de un vagabundeo en la acción que impide investir con suficiente determinación nuestras acciones.
Por su parte, la acedia en cuanto mezcla de pasiones, es más sutil y por lo tanto, más peligrosa que la tristeza. Mientras ésta se presenta como unipolar, la acedia tiene un carácter multipolar ya que oscila entre la languidez, la torpeza, el taedium vitae, la indiferencia, el aburrimiento profundo, pero también la impacienta, la ansiedad.
Aplicado a la patología, el vocablo acedia no siempre ha sido bien definido y a menudo se lo considera obsoleto. Sin embargo, su etimología puede ofrecernos interesantes aportes. La palabra (kēdeuō, alfa privado + preocupante: alta de interés), indica esa falta de preocupaciones que deja por otra parte una gran preocupación: la impaciencia y una profunda insatisfacción.
Esta particular manera de entender la etimología del término acedia se refiere a la dualidad constitutiva de esta disposición: no sólo el des-investimiento, la intencionalidad defectiva, la fatiga, el aburrimiento donde todo parece gris y sin rasgos distintivos. Es una indiferencia que no implica la pérdida del objeto investido, sino del impulso que nos abre a la capacidad para preocuparnos (kēdeuō) de las pequeñas cosas que pueblan la vida cotidiana. Pero también hay una impaciencia que retumba, una ansiedad como ruido sordo del aburrimiento. La acedia es taedium sive anxietas cordisseñala Casiano. Es pereza, somnolencia, falta de cualquier curiosidad, pero también ansiedad, inestabilidad, es huida hacia una frenética búsqueda de distracciones.
En este sentido, las paradepresiones constituyen fenómenos que se ubicarían como falla de la motivación ante la pérdida de placer por las cosas, o como una dispersión temporal que lleva a recomenzar múltiples tareas sin haber terminado las primeras. Se trata de un vagabundeo en la acción que impide investir, intencionar con suficiente resolución nuestras acciones. El aburrimiento que traduce un sentimiento de vacío, de angustia de vivir y de no coincidencia con el mundo, es la a-tonalidad con el mundo: patentiza el habitar el mundo en forma de malestar.
Ahora bien a diferencia de otros estados afectivos como la angustia o la depresión, estos problemas se mantienen al margen de una reflexión teórica. Más aún, su “banalidad”, su cotidianidad, su constante referencia al contexto social del sujeto que los vivencia han contribuido a excluirlos de una categoría psico(pato)lógica autónoma y del interés clínico (Maggini y Dalle Lucche). Como señala Forthomme, la acedia si bien está esencialmente ligada a una dimensión temporal, y aún propiamente histórica del sufrimiento humano personal, está también referida al “malestar de la civilización”.